ESPECIAL
ENTREVISTA A DON RICARDO Y A DON PEDRO
ENTREVISTA A DON RICARDO,
RECTOR DEL SEMINARIO

La Diócesis, en su objetivo preferente para este curso, nos invita a cuidar especialmente la dimensión vocacional de toda la pastoral. La realidad diocesana que con mayor intensidad trabaja y vive de cerca la realidad vocacional es el Seminario. Hace unos pocos días, el 29 de septiembre, festividad de San Miguel, comenzaba el curso. Hablamos con D. Ricardo Juan García, Rector del Seminario de Orihuela, para que nos ayude a profundizar en la importancia de la dimensión vocacional de nuestra tarea pastoral.
— Comencemos por el principio. La palabra “vocación” crea a veces un poco de confusión… vocación humana, vocación cristiana, vocación a la vida religiosa. Con palabras sencillas ¿Qué es la vocación?
La vocación es una “llamada” a algo: a vivir la vida con dignidad, a ser coherentes con la fe, a entregarse totalmente por amor a Dios y al prójimo… o a todo ello en su conjunto. Todos sentimos una llamada a algo, y todos nos construimos como personas y como creyentes cuando luchamos por vivir nuestra vida respondiendo a esa llamada. Pero, ante todo la vocación es una llamada de “alguien”, es la llamada del Señor a seguirle como cristiano. Es cierto que en la Iglesia algunos recibimos una llamada específica (al sacerdocio, a la vida consagrada, al matrimonio) y el término vocación muchas veces se refiere a esas opciones específicas, pero no debemos olvidar que todos, como hijos de Dios, estamos llamados a vivir con autenticidad y coherencia nuestra fe contribuyendo a dignificar nuestro mundo. Por tanto, a todos nos llama el Señor para algo, por insignificante que nos parezca. Dios espera pues una respuesta de nuestra parte.
— ¿Que acciones considera más importantes y urgentes para que los cristianos de nuestras parroquias, comunidades y grupos vivan en clave vocacional su compromiso?
Acciones hay muchas y muy positivas. Las más significativas quizá sean aquellas que buscan profundizar en la oración por las vocaciones, en crear una positiva valoración y sensibilización frente a todas ellas, en lanzar una propuesta directa a nuestros jóvenes y niños, o en acompañarles en su posterior discernimiento. Pero, si las acciones concretas son importantes y urgentes, todavía más importante y urgente es la necesidad de vivir la fe con autenticidad y alegría: ese es el mejor medio vocacional que existe. Un matrimonio coherente y feliz interpela, un sacerdote auténtico y alegre cuestiona, una religiosa entregada y contenta suscita interrogantes, una comunidad cristiana viva engendra nuevas vocaciones. El Señor se vale de la mediación del testimonio de cualquier creyente para tocar el corazón de muchos jóvenes invitándoles a seguirle de un modo u otro. Guiados por el Espíritu hemos de propiciar un “clima vocacional” donde sea habitual que los miembros más jóvenes de nuestra comunidad se cuestionen el sentido de su vida y se planteen diferentes caminos a seguir donde realizarse plenamente y ser felices. Y entre esos caminos debemos proponer con toda claridad y valentía las vocaciones específicas. En estos casos, la comunidad debe de ser, además del campo fértil que propicie el nacimiento de nuevas vocaciones, el puente hacia instituciones vocacionales especializadas como el Seminario, los noviciados, el secretariado de orientación vocacional o pastoral familiar, etc. En ellas la Iglesia perfila cada vocación con una adecuada formación integral. Como conclusión diría que toda comunidad que quiera realmente tener una inspiración vocacional ante todo tendrá que ser una asamblea orante que pida al “Dueño de la mies” que siga invitando a nuevos obreros, una comunidad dispuesta a acompañar su plegaria con el testimonio y a dedicar estructuras, medios y personas para acompañar en el discernimiento a los más jóvenes. Si todos damos lo mejor de nosotros mismos, tengamos esperanza: Dios hará el resto. Lleva toda la vida haciéndolo.
— Se dice que el mundo de hoy está favoreciendo un tipo de joven narcisista y egocéntrico que le cuesta mucho entender la vida como respuesta y donación a la llamada de Dios. ¿Es así o desde la reciente experiencia de la JMJ en Madrid hay otros tipos de jóvenes abiertos a la llamada?
Siempre ha habido de todo y ahora también lo hay. Lo que ocurre es que nuestro entorno consumista y laicista aparta a Dios del horizonte del hombre y muchos de nuestros jóvenes crecen y viven sin tener experiencia de Dios, sin saber reconocer su llamada y son arrastrados por inercias dominantes que aparentemente les prometen una felicidad efímera. Todo ello dificulta que el corazón del joven de hoy pueda escuchar con claridad la voz de Dios, y por supuesto complica mucho más una posible respuesta vocacional coherente. Sin embargo, a pesar de las dificultades Dios sigue llamando, no se deja acallar por las circunstancias. La JMJ ha puesto de manifiesto que la experiencia religiosa sigue estando muy viva en muchos jóvenes de hoy, y nos ha mostrado a una juventud dispuesta a vivir la fe con gran pasión y, muchos de ellos, con total entrega. Esa es también una parte de nuestra juventud española, que no hace mucho ruido pero que es real. Ciertamente entre ellos es mucho más fácil descubrir la llamada de Dios y vivirla con coherencia. Sin duda son para todos un motivo de alegría y creo que con el tiempo darán muchos frutos buenos.
— Hablemos de nuestro Seminario. En el desierto vocacional de tantas Diócesis y Congregaciones nuestro Seminario sigue vivo y con nuevas vocaciones. ¿Cómo es la realidad de nuestro Seminario y los retos más importantes de cara al futuro?
Efectivamente, gracias a Dios, nuestro Seminario sigue vivo y con savia nueva cada año. Por supuesto siempre desearíamos más: más vocaciones, más seminaristas, más entrega, más testimonio… Pero podemos dar muchas gracias a Dios porque sigue tocando el corazón de niños y jóvenes de nuestras comunidades para formarlos como pastores al servicio de su pueblo. Nuestro Seminario no es un mero edificio ubicado en Orihuela o en Alicante, sobre todo es una familia, una comunidad de discípulos que cada día intenta escuchar la voz del Señor y responder a ella con la entrega de la vida. Aquí uno experimenta cada día que Dios hoy sigue llamando. Y como no somos una isla, muchas de las dificultades de las que hemos hablado antes también influyen en la respuesta que damos al Señor. Nos pasa a todos, unas veces lo conseguimos con la ayuda de la gracia, y otras lo estropeamos con nuestros fallos y debilidades. Pero si algo caracteriza hoy a nuestro Seminario es la ilusión por seguir al Señor, a pesar de nuestra pobreza. Dios sigue llamando a jóvenes de nuestro tiempo, con sus luces y sus sombras, para convertirlos en sus testigos. Eso creo que nos debe llenar de esperanza a todos.
— Terminamos con alguna propuesta para nuestras parroquias. ¿Qué pueden hacer nuestras parroquias por el Seminario y por las vocaciones?
En primer lugar, valorar y agradecer el ministerio de sus sacerdotes: si se quiere a los curas se querrá también al Seminario. Además, no tener miedo a proponer con valentía el proyecto de la vida sacerdotal a aquellos niños y jóvenes que manifiesten signos vocacionales: hoy, como siempre, vale la pena ser cura. Debe también, apoyar y acompañar a aquellos que ya han dado el paso y se están formando: un buen sacerdote se forja con el apoyo y el testimonio de toda la comunidad cristiana. Y sobre todo, rezar mucho para que el Espíritu de fortaleza y valentía a todos los que le siguen de cerca en este Seminario Diocesano. Si hoy creemos en estos jóvenes y apoyamos nuestro Seminario, mañana el Señor nos regalará santos sacerdotes para nuestras comunidades.
ENTREVISTA A DON PEDRO,
FORMADOR DEL SEMINARIO

El Sr. Obispo te ha encomendado la tarea de ser formador en el Seminario Menor de Orihuela. Casi sin deshacer las maletas del Teologado te has incorporado al equipo de formadores ¿Cómo te sitúas ante este primer ministerio que se te encomienda?
Efectivamente, sólo 4 días después de acabar en el Teologado, el Sr.Obispo me encomendaba este primer destino como formador del Seminario Menor de Orihuela. Al principio me preguntaba y sigo haciéndolo, ¿cómo puede ser que entre tantos me elija a mi el Señor? Por otra parte me da mucha paz saber que es la Iglesia quien me envía, a través del Obispo. Las cosas no pasan porque si, es Dios quien guía nuestros pasos.
Además, en este primer destino el Señor no me ha dejado sólo. Me incorporo a un equipo de sacerdotes, que han hecho que en estos primeros pasos como formador todo sea más sencillo. Sacerdotes ilusionados de los cuales espero aprender mucho.
Soy consciente de la misión que el Señor me encomienda y por eso cada día que pasa le pido que me conceda ser fiel a este ministerio, y que me mantenga siempre con la ilusión con la que he comenzado.
La Ordenación es un momento intenso de fe que marca la vida para ser, como decía Benedicto XVI a los seminaristas, “apóstoles con Cristo y como Cristo”. ¿Cómo resuena la voz de Cristo en el corazón de un joven ordenado, a qué te llama?
En estos momentos el Señor me llama a mirarle a Él, a enamorarme totalmente de Él para poder entregarme totalmente a Él. En la JMJ nos recordaban que sólo los enamorados enamoran. Por tanto, sólo el que pone su corazón y su vida en Dios puede entregar la vida por Cristo y como Cristo y que esta vida contagie a los demás.
Esa misma llamada resuena ahora en mí. Dios me llama a entregar mi vida por Él, sirviendo a la Iglesia allí donde ella misma me ha enviado: al Seminario de Orihuela, en el corazón de la Diócesis. Donde, si Dios quiere, nacerán los futuros sacerdotes para nuestra Iglesia.
El “sí” que has dado hoy a Dios es la respuesta a una llamada que ha ido resonando a lo largo de tu vida junto a tu familia, en tu parroquia y después en la comunidad del Seminario. Cuéntanos los orígenes de tu vocación. ¿Cómo has percibido la llamada de Dios a lo largo de estos años?
Es cierto. Mi vocación nace junto a mi familia y acompañada de ella. Gracias al ambiente religioso que siempre se ha vivido en ella pude escuchar desde muy pequeño la voz de Dios que me llamaba a seguirle. Esta llamada ha resonado durante toda en mi vida, de maneras muy diferentes y gracias a muchas personas. Además de mi familia tuvo mucho que ver la preocupación de mi párroco por el grupo de monaguillos y por la pastoral vocacional. Quizá si mi cura no hubiera tomado interés, jamás hubiera conocido el Seminario. Por supuesto hizo mucho que mi primo Juan Pedro se iniciara conmigo en esto, aunque años más tarde descubriera que no era esa su vocación.
Mi vocación nace un 31 de enero de 1997 a las 19:30 horas. Fue el primer día que salí de monaguillo y desde ese momento mi vida fue cambiando poco a poco, la voz de Dios comenzaba a resonar aun siendo yo pequeño. Pasados los años y realizado los discernimientos propios de un niño de 11 años ingresé en el Seminario. Los años allí han sido inolvidables. En ellos he percibido como el Señor me ha ido susurrando en cada etapa de mi vida qué es lo que me estaba pidiendo. Gracias a las dudas y los miedos propios de toda vocación la voz de Dios resonaba cada vez más clara y fuerte en mi. Y ante la llamada de Dios ¿cómo decir que no?
La llamada de Dios se percibe de muchos modos. A través de situaciones, de personas, de testimonios que van creando en ti interrogantes y en los cuáles resuena la voz de Dios. Pero esta voz resuena de manera más clara en la oración y en el encuentro personal con Jesús. Esto no es cosa de los cuentos. Es real que Dios busca un encuentro personal con nosotros, pero tenemos que buscarlo y estar atentos.
Con el paso de los años vas objetivando esta voz y sientes cada vez más el deseo de ser sacerdote, de salir a la calle y anunciar lo grande que es Dios. Con este deseo comienzo ahora este ministerio, dispuesto a escuchar su voz y a seguirle siendo fiel el resto de mi vida.
Desde tu vivencia joven de la fe , y atareado con la vocación , con los jóvenes en el Seminario ¿qué mensaje dirías a los jóvenes de nuestras parroquias y a aquellos que se están planteando ser sacerdotes?
A los jóvenes de nuestras parroquias les invito a abrir bien el corazón y los oídos para escuchar la voz de Dios que resuena en cada uno de ellos. El Papa en la JMJ nos invitaba nuevamente a no tener miedo e incansablemente nos repite que Cristo no quita nada, al contrario, lo da todo. Abrid bien los oídos y no tengáis miedo de entregar vuestra vida por causa del evangelio, siendo sacerdotes, formando una familia o en la vida religiosa.
Por otro lado a los niños y jóvenes que se están planteando seguir a Jesús siendo sacerdotes les repito lo que ya dije en una entrevista que nos hicieron con motivo de la ordenación. Quizá han pasado por tu cabeza miles de dudas: eres demasiado joven, tienes miedo del “qué pensarán”, “qué dirán”, tus amigos, tu familia, etc. O incluso, en el fondo sabes que el Señor te está llamando y te da miedo dejarlo todo. Puede que el Señor te lo esté pidiendo todo, pero no dudes que también te lo va a dar todo.
“A lo mejor ni se te ha pasado por la cabeza, o puede que te atraiga la idea pero no sabes bien qué significa eso que sientes. Tratas de estar en otras cosas, llevas una vida normal, pero, cuando rascas tu corazón , te lo encuentras. Quieras o no, está ahí y te hace ilusión. Es heroico entregar la vida siendo sacerdote. Se puede hacer mucho. Pero por otra parte hay muchos miedos que te hacen pensar que esto no es lo tuyo. Si esto te pasa, ¿quiere decir que tienes vocación para sacerdote? ¡En absoluto! Es sólo una señal. Quizás si, quizá no. Eso sólo Dios y tu podréis saberlo. Pero sea o no el sacerdocio tu camino nunca pierdas el espíritu joven, sano, fuerte, amoroso y encendido que tanto necesita nuestro mundo.” (Fulgencio Espa, ¿Has pensado ser sacerdote?, ed. palabra)